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Arquitectura

Cómo la participación comunitaria ha transformado la vivienda cooperativa

Vivienda cooperativa

En el modelo inmobiliario tradicional, el futuro residente es un actor pasivo. Alguien que compra un producto acabado, diseñado bajo criterios para maximizar la rentabilidad y la estandarización. Sin embargo, la vivienda es mucho más que un activo financiero. Es el escenario donde se desarrolla la vida. En Laboqueria Arquitectura creemos que debemos cambiar el foco para transformar la figura del “propietario” en la de “habitante”.

Esta transformación solo es posible a través de la vivienda cooperativa. Este modelo, basado en la propiedad colectiva y el derecho de uso, no solo busca ofrecer un techo, son crear estructuras de convivencia sólidas y resilientes. El proyecto de La Balma, en el barrio del Poblenou (Barcelona), es el testimonio vivo de esta visión.

La Balma no nació de un plano estático, sino de un proceso de participación comunitaria intenso y enriquecedor. Junto a la cooperativa de vivienda Sostre Cívic y el estudio de arquitectura Lacol, acompañamos a un grupo de personas con el deseo común de habitar de forma diferente. El reto no era solo técnico (cómo encajar 20 viviendas en un solar público), era un reto de metodología: ¿cómo integrar las expectativas, miedos y sueños de una comunidad diversa en una realidad arquitectónica tangible?

El resultado es un edificio que no solo “se ve” diferente, sino que “funciona” diferente. En este artículo exploramos cómo la participación dejó de ser un requisito administrativo para convertirse en la herramienta de diseño más potente que tenemos para construir una arquitectura integradora.

El poder del proceso participativo

Tradicionalmente, la arquitectura se ha entendido como el ejercicio individual de un profesional que decide cómo deben vivir los demás. En la vivienda cooperativa, este paradigma se invierte. Bajo nuestra propia metodología, el arquitecto deja de ser el único autor para convertirse en un facilitador técnico.

En el caso de La Balma, la participación comunitaria fue la columna vertebral del proyecto. Acompañar a un grupo diverso requiere una metodología transversal que sepa equilibrar tres ejes fundamentales:

  1. La escucha activa y el diagnóstico: Antes de trazar la primera línea, es vital entender quiénes habitarán el edificio. En La Balma, trabajamos junto a Sostre Cívic para identificar las necesidades reales del grupo. ¿Cuántas unidades de convivencia? ¿Qué tipo de espacios comunes son prioritarios? ¿Cómo se imagina la vida en comunidad?
  2. El co-diseño técnico: La participación tiene límites físicos, normativos y presupuestarios. Nuestra labor es traducir los deseos de la comunidad en soluciones arquitectónicas viables. No se trata de pedir deseos, sino de tomar decisiones informadas. Realizamos talleres donde los futuros habitantes pudieron visualizar la volumetría, los accesos y la distribución de los usos, sintiéndose dueños del proceso desde el primer día.
  3. La gestión del consenso: En un grupo de 20 unidades de convivencia, el consenso no nace espontáneamente; se construye. A través de dinámicas de mediación y arquitectura participativa, logramos que el proyecto arquitectónico fuera un reflejo fiel de la identidad colectiva del grupo.

Este proceso garantiza algo que el mercado tradicional ignora: la corresponsabilidad. Cuando un habitante participa en el diseño de su vivienda, desarrolla un sentido de pertenencia y cuidado hacia el edificio que es la base de la convivencia comunitaria a largo plazo.

La Balma: comunidad que se convierte en arquitectura

La arquitectura de La Balma no es caprichosa; es una respuesta directa a los valores del grupo. Gracias a la metodología de co-diseño, el edificio rompe con la jerarquía convencional de la vivienda para priorizar la vida compartida y la eficiencia.

Este proyecto se articula bajo tres pilares que definen el éxito de la vivienda cooperativa:

  1. La redistribución del espacio del Yo al Nosotros: En un edificio tradicional, el espacio común se limita a menudo a un rellano y un ascensor. En La Balma, la participación comunitaria dictó una prioridad clara: maximizar los espacios de relación. El resultado, se diseñaron zonas comunes estratégicas como la cocina comunitaria, el espacio de lavandería, salas polivalentes y una azotea compartida. Estas áreas son extensiones de la propia vivienda que permiten reducir el tamaño de las unidades privadas para ganar en calidad de vida colectiva.
  1. Sostenibilidad y materialidad: La elección de la madera contralaminada (CLT) no fue solo una decisión técnica; fue una respuesta al compromiso del grupo con la crisis climática. El uso de una estructura de madera vista no solo reduce drásticamente la huella de carbono del edificio, sino que aporta un bienestar higrotérmico y acústico que refuerza la salud del habitante. Una arquitectura a base de materiales naturales es una arquitectura que respira, igual que la comunidad que la habita.
  1. Flexibilidad y el modelo de cesión de uso: La vivienda cooperativa en cesión de uso requiere una arquitectura que se adapte al paso del tiempo. Las familias crecen o cambian, y el edificio debe ser capaz de responder. Para ello, en La Balma el diseño se concibe como adaptable y  las tipologías de vivienda permiten cierta flexibilidad. El modelo de cesión de uso garantiza que la propiedad sea siempre de la cooperativa, evitando la especulación y asegurando que el edificio sea un recurso estable para las futuras generaciones de habitantes.

La arquitectura, por tanto, actúa como un facilitador: no impone una forma de vivir, sino que ofrece el soporte necesario para que la comunidad se desarrolle con autonomía y apoyo mutuo.

El impacto en el barrio y la gestión del proceso

La vivienda cooperativa está en estrecha relación con su entorno. En el caso de La Balma, su ubicación en el Poblenou es estratégica. Al ser un proyecto de colaboración público-cooperativa (sobre suelo municipal), el edificio asume la responsabilidad de mejorar su entorno. La planta baja se concibe como un espacio abierto al barrio, rompiendo con la impermeabilidad de las promociones privadas convencionales.

Sin embargo, a menudo nos preguntan: ¿Es viable gestionar tanta participación sin que el proyecto se detenga?

Nuestra respuesta es clara: la complejidad no es un obstáculo, es una garantía de éxito social. De hecho, en Laboqueria Arquitectura, como cooperativa de arquitectos que somos, trabajamos con una metodología transversal permite que:

  • Los tiempos se optimicen: Al integrar la consultoría social con la técnica desde el inicio, evitamos rectificaciones costosas en fase de obra.
  • La gobernanza sea clara: Facilitamos herramientas de toma de decisiones que permiten al grupo avanzar con seguridad técnica, jurídica y económica.

La participación comunitaria no alarga el proceso; lo hace más robusto. Un grupo que ha decidido unido cómo será su estructura de madera o su sistema de aprovechamiento de aguas, es un grupo preparado para gestionar su convivencia futura con éxito.

Así, La Balma es mucho más que un edificio de madera en el Poblenou; es la prueba de que otra forma de hacer arquitectura es posible. En Laboqueria Arquitectura, nuestra misión es acompañar estos procesos de participación comunitaria aportando rigor técnico, sensibilidad social y una visión transversal del territorio.

Preguntas frecuentes sobre participación ciudadana

¿Qué significa exactamente el modelo de «cesión de uso»?

Es un modelo donde la propiedad del inmueble es siempre de la cooperativa y el solar de propiedad pública, y los socios disponen de un derecho de uso indefinido de la vivienda. Esto elimina la especulación, ya que la vivienda no se puede vender en el mercado libre, garantizando precios estables y sociales.

 

¿Puedo participar en el diseño de mi vivienda si no tengo conocimientos técnicos?

Absolutamente. Nuestra labor como arquitectos facilitadores es traducir sus necesidades y deseos a soluciones técnicas. En La Balma, el grupo participó activamente a través de talleres de co-diseño guiados, donde no se requería experiencia previa, solo el deseo de habitar de forma colectiva.

 

¿Qué ventajas tiene la estructura de madera CLT en este tipo de proyectos?

Además de ser un material saludable y sostenible, el CLT permite una construcción más rápida y limpia. En La Balma, esto fue clave para reducir las molestias derivadas de la construcción en el barrio y asegurar un estándar de eficiencia energética que reduce el gasto de las familias.